Flujo de Divisas

Para poder comprarle o venderle algo a otro país, hay que solucionar un problema fundamental: el comprador tiene que poder cambiar la moneda de su país por la moneda del país del vendedor. Como en vez de hablar de «moneda extranjera» se suele usar el término «divisa» en el comercio internacional, esa transacción se conoce como un «cambio de divisas«. Cada divisa, ya sea el sol peruano o el yen japonés, tiene un valor determinado en función de otra divisa.
A ese valor es lo que llamamos «tipo de cambio» o «tasa de cambio». Si no hubiera una oferta constante de divisas en cada país y si los tipos de cambio no fueran relativamente estables, el comercio mundial se reduciría enormemente. Por ejemplo, no tendríamos oportunidad de escuchar una radio fabricada en Asia ni de comer chocolates de Suiza.
Una institución que ayuda en el impulso del comercio es el Fondo Monetario Internacional que se creó con una de las finalidades de velar para que las divisas pudieran circular con más libertad y facilidad entre los países miembros. Lo que hace ahora es ayudar a los países miembros a que tengan siempre suficientes divisas para poder seguir haciendo negocios con el resto del mundo.

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